miércoles, enero 11, 2006

 

EL COMPADRE DEL PÁJARO ESPINO.

Encantado de encontrarme de nuevo con vosotros tras este parón social y litúrgico que el mes de diciembre impone. Antes de seguir con las noticias y comentarios del Pájaro Espino, que promete dar buena caña a lo largo del mes de enero, les voy a presentar a otro de mis amigos que, junto con el Dr. Zoom y un servidor, forma el triunvirato más viperino que ha dado a luz la historia de la palabra y la crítica acertada y oportuna, el chascarrillo y el comentario de tertulia con copa de vino.

Se trata nada más y nada menos que de mi estimado y queridísimo compadre Lord Brighton O'Collins. Caballero formal, de buena planta. Peinadito con su buena gomina. Amigo de tardes de toros y de un buen vino de Jerez con su tapita de queso añejo. El corazón en la izquierda y la estampa de derechas. Como debe ser. Gran amigo, compañero y hermano del inigualable Pájaro Espino que ha compartido junto a él (o sea junto a mí) fatigas, peripecias, llantos y alegrías a lo largo de este imprevisible camino que es la vida. Gran conocedor de todo lo que tenga que ver con la solera y el rancio abolengo. Conocerlo es quererlo.

Pero como todo lo que diga sobre él es poco, les dejo ya con su primera intervención en el espacio del Pájaro Espino. No se lo pierdan. Vale su peso en oro.

EL PÁJARO ESPINO.
EL VIACRUCIS DE GRANADA.


Sábado. Una del mediodía. Corbata ajustada. Zapatos limpios. Cielo abierto. Animo inmejorable. Prisa, ninguna. Estoy preparado. Y dispuesto salgo con toda la tranquilidad que esta liturgia semanal requiere. En mi horizonte ladrillos rojos y arrayanes. A mi vera el Darro: “Río humilde ya viejo y cansado/ pues mucho se cansa como quien tu amó,/ río que marcha, su historia soñando,/ filósofo claro en tristeza de amor.” Siempre Federico.

Camino unos minutos y entro en mi segunda casa. Allí mis amigos esperando, también sin prisas, en nuestra sacristía, a que exista ya el suficiente quórum para empezar. El presidente de la reunión, el más anciano, nos brinda el saludo inicial y comienza el acto más intranscendente de la semana. El Vía Crucis de la Tapa:

Con sus catorce estaciones,
Como catorce azucenas
Comienza esta gran liturgia,
De estolas de pata negra.
Para empezar unas migas
tostadas, alpujarreñas,
Un platito de cordero,
Unas gambitas de Huelva,
Unos garbanzos con callos,
Unas pavías caseras,
Montaditos de pringá,
O de morrón con melva,
¡Que venga ya ese marisco!
Esas gambitas de Huelva
Cañaíllas de la Isla,
Glorias del mar de mi tierra.
Que salga ese solomillo,
¡No lo pases! Vuelta y vuelta
¡Un poquito de fideos!,
¡Un poquito de cazuela!
Un aliñito de pulpo
Y que no falte el Jamón
Rey de reyes en la mesa…
Catorce, catorce han sido.
Y este romance la espuela.

Intrascendencia en el más alto grado. Inutilidad por excelencia. Una vez concluida nuestro devocional encuentro, camino de vuelta hacia arriba. Ahora el Darro se encuentra a mi derecha. La melancolía se apodera de mi. Sigo siendo yo, ¡Oh fúnebre río/ Al que una reunión/ de cipreses orantes/ dé el último adiós!/ Maestro de Artistas, Azul trovador, Creo en tu misterio, ¡ Y en tu corazón!. Siempre Federico, siempre Granada.
LORD BRIGHTON O'COLLINS.

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