lunes, noviembre 28, 2005

 

SONETOS DEL PÁJARO ESPINO II

A las críticas descarnadas y parbularias que Poliseo vomita por su boca, el Pájaro Espino contesta con el arte y el trino artístico que emanan de su pico de oro:


Me llevan de la mano al otro mundo
el sueldo de Ronaldo y el de Figo,
las comidas sin sal y que contigo
cada hora se me pase en un segundo.

Les pido me sujeten, que me hundo,
si veo que sube el pan y baja el trigo,
y empiezo a desvariar si, como digo,
prefieren Salsa Rosa al Vagamundo.

Me llevan de la mano al matadero
las arañas que tejen como artistas
el discurso vacío de Zapatero,

la puta sociedad de las revistas,
que no le den el Nobel a Quintero
y el look de Armani de los socialistas.

EL PÁJARO ESPINO.

jueves, noviembre 24, 2005

 

RELATOS DEL PÁJARO ESPINO I

LA NOCHE ETERNA.

Abro los ojos. Lentamente. El paisaje de negrura que, hasta ahora, inundaba mi conciencia va asumiendo un tenue halo de claridad que, poco a poco, da forma y delimita los contornos de lo que existe a mi alrededor. No veo con nitidez, sólo percibo siluetas, bultos, formas indeterminadas. Me esfuerzo por recobrar la visión. Como en ese fugaz y veloz instante en que te despiertan con prisa porque no ha sonado el despertador y se te hace tarde. Ese momento donde se solapan sueño y vigilia dejando tu visión acorralada entre dos mundos, luchando por volver a la realidad. Ese momento en que Morfeo y Hera se disputan la propiedad de nuestra pobre existencia. Niños que codician un mismo juguete. Espero unos pocos segundos. Las formas se hacen cada vez más claras pero no del todo diáfanas. Como si un pliego de papel vegetal se hubiera fundido amorosamente sobre nuestra realidad terrenal. Aún así agradezco el despertar. El amanecer es siempre signo de esperanza para el ser humano. Es preferible una limitada percepción de un entorno difuminado al vasto piélago azabache de nuestra inconsciencia.

No tengo claro dónde estoy. Ni tan siquiera dónde debería de estar. Apelo a mis recuerdos pero no consigo llegar hasta ellos. Es raro. Pero más rara todavía es esa sensación de falta de preocupación que me invade. Perdida la noción del tiempo y casi la del espacio. Lo más insólito es que no siento un gran desasosiego por mi evidente sensación de dispersión, de falta de ubicación. Al contrario. Es una extraña tranquilidad la que me acoge en estos momentos. Extraña por hacerse presente en un momento de incertidumbre y extraña por no saber de dónde procede.

Me reconozco sentado. Con las piernas estiradas y la espalda apoyada en una superficie lisa. Un recuerdo irrumpe en medio de mis pensamientos. El único recuerdo. El hombre del traje gris. ¿Dónde estoy?... siento miedo de repente. La tranquilidad que me rondaba comienza a esfumarse poco a poco como un ejercito en retirada... Tabaco. Necesito tabaco. Eso era lo que quería aquel hombre. Yo no lo tenía. Recuerdo las palmas de mis manos sudorosas rebuscando en los bolsillos. Temblorosas. De nuevo la mirada de aquel hombre se entromete en mis recuerdos. Abarcándolo todo. Aquellos ojos casi felinos. Amarillos. Vidriosos. No tengo tabaco. Ayer acabé el último paquete. No sé qué contestarle. Percibo el miedo. Mi negativa es un mal augurio. Y lo sé porque lo siento. El miedo no se razona. Se siente. Se huele. Como efluvios de vómito y alcohol. No lo ves venir. Entra siempre por la puerta de atrás. Esa puerta que en nuestros más remotos sueños siempre olvidamos cerrar. Ese punto vulnerable de nuestro sistema de defensa frente a lo desconocido. Ese desespero que se apodera de nosotros cuando, victoriosos, pensamos que el miedo está fuera de nuestra casa y, a modo de flash, recordamos, acto seguido, esa puerta de atrás... la que nunca cierra bien. La que adopta la forma de vieja cancela chirriante y sin cerrojo. La que nos conduce al desván a través de un alargado pasillo iluminado pobremente por una sola bombilla cuya luz tintinea. Esa puerta al final de un corredor donde danzan las sombras. La que deja abierta una posibilidad a lo desconocido, a lo terrible. Esa puerta que te deja cada noche pensando. La puerta por la que escapa nuestra seguridad.

Hace frío. Lo percibo como sensación pero no me molesta. Advierto una ligera claridad en el ambiente. Aprecio el cielo. Ya puedo verlo. Debe ser de madrugada. Esa hora fría y mágica que precede al alba. Esa hora dónde se materializan los más prodigiosos sueños de las hadas o las intenciones más negras del mismísimo infierno.

Unos primerizos rayos de sol se dejan ver tímidamente, como pidiendo permiso. Estoy cansado. Muy cansado. Pero en el fondo vuelve a brotar en mi una indescriptible sensación de bienestar. En cuanto encuentre fuerzas suficientes para levantarme volveré a casa. Si es que la tengo. Todavía no alcanzo a recuperar mis recuerdos. Sólo sé... sólo sé que anoche salí para tomar unas cervezas... debí acabar borracho y por eso he pasado la noche en este lugar, es la única explicación. Mi visión ya alcanza a pecibir las farolas de la calle donde me encuentro. No con toda su definición, pero reconozco el espectro de luz que irradian. Evidentemente está amaneciendo. Lo sé porque no se las ve con esa luz clara que destaca y alumbra en la nocturnidad sino con el breve reflujo amarillo que permanece en ellas un tiempo antes de apagarse. Una hilera de luces amarillas. Como luciérnagas. Como aquellos ojos. Un estremecimiento recorre mi cuerpo al recordar, de nuevo, a aquel hombre. El hombre del traje gris. Lo recuerdo mirándome... sí, en la barra del bar. Su imagen llega cada vez más clara. Al fin parezco estar despertando verdaderamente de este letargo. Su imagen me da miedo. Es lo que más temo en este mundo. Y yo no tengo tabaco. Eso es lo que él me pedía. Estaría más tranquilo si pudiera ofrecerle un cigarrillo. Su agobiante expresión no se me va de la cabeza. Alto y delgado. Aunque el adjetivo sería más bien largo. Embutido en un viejo traje gris, raído, sucio. De unos cuarenta años. La piel gastada, envejecida prematuramente. Una barba pelirroja enmarañada a juego con su cabello sucio. El cabello de Judas. Las manos grandes y trabajadas. Como las de un labrador. Las uñas negras. Podría pasar por cualquier mendigo de los que abundan en la ciudad. Pero algo temeroso envolvía aquella extraña figura. Algo que salía de sus ojos... amarillos. Daba la impresión de no ser humano. Imponía el respeto de quien se sabe frente a un... animal. Había algo animalesco en su acecho, en sus formas. En aquella mirada cazadora, salvaje. En aquellos extraordinarios ojos amarillos... reptilianos. Aquel hombre estaba borracho. Era incofundible el vidrio aguado de aquellos ojos. Rezumaban alcohol. No sé de dónde cobra vida ese recuerdo. Debe ser procucto de mi imaginación... aunque en el fondo sé que ese hombre existe, ha estado frente a mí, lo conozco...

Pasa el tiempo, yo diría que las horas. La luz del sol va cobrando protagonismo en este pequeño espacio de mi limitada existencia. Ahora puedo ver la calle en la que me encuentro, aprecio cada vez más sus formas. Ya veo las farolas con total nitidez. Se alinean formando una mediana que separa ambos sentidos de circulación. A ambos lados de la carretera se alzan, en hileras, los cenicientos edificios de nuestra ciudad. Monumentos a la fealdad que sólo debemos a la funcional arquitectura de nuestro siglo y a la permanente acción y devastación de los tubos de escape. Ahora empiezo a tomar conciencia... estoy en mi calle... mi vieja calle. Más aún. Me encuentro sentado en mi portal. Justo debajo del portero automático. Apoyada mi espalda en la pared. A mi derecha la puerta de mi bloque. Definitivamente debí tomar varias copas de más. Caminaría borracho, tambaleándome. Y al final me desplomé derrumbado en mi mismo portal sin fuerzas para subir a casa. Eso debió pasar. O quizá olvidé las llaves. No pude entrar y a mi ebria condición no le importó pasar la noche en el portal. Intento incorporarme pero no puedo. Me duele un poco el pecho... aunque no estoy seguro. Es extraño. Sé que me duele pero no siento el dolor. Como esa sensación mezcla de invulnerabilidad, somnolencia y bienestar que produce la anestesia. Imagino que será fruto de haber pasado la noche en la calle. Una mala postura.

Me escuecen los ojos. Algo sobrenatural se ha apoderado de mi entorno. O de mi mente. Luces. Miles de luces inundan el paisaje urbano donde me encuentro tendido. Destellos que van y vienen. Fogonazos de luz que irrumpen en mi pupila para después perderse y, en una fracción de segundo, volver a aparecer de nuevo. Luces de colores. No es la luz blanca y natural que la naturaleza irradia con los primeros rayos del alba. Se trata de una luz artificial. Sacada de contexto. Tecnológica. Metálica. Mi confusión se acentúa a raíz de las innumerables sombras que danzan al efecto de cada destello tecnicolor. Una lluvia de colores que se encienden y se apagan. Similares a los descritos en los relatos del fenómeno O.V.N.I. Comienzo a sentir miedo. Retazos de lo que verdaderamente está pasando. Un frío que no es de este mundo se apodera poco a poco de mi cuerpo. De cada miembro. De cada órgano. Casi al instante aparecieron aquellas sombras. Los hombres de azul. Había por lo menos cuatro o cinco. Alguno quieto, como acechando, alerta, vigilante. Los demás como buscando algo alrededor de mí. Casi ajenos a mi presencia. No puedo decirles nada. El miedo ha paralizado todos los músculos de mi cuerpo. Uno de esos hombres azules se separa del resto y me dirige su atención. Sigo sin poder moverme. Al instante, como salidos de su cara, me dispara una serie de haces luminosos que se van derramando como lluvia lenta y fina sobre mi cuerpo, mientras las luces de colores siguen invadiendo la zona cada vez con más intensidad. Algo nuevo entra en escena. Los hombres de azul dejan lo que sea que estuvieran haciendo y vuelven su rostro a una misma dirección.

Cuatro nuevas sombras se acercan. Con paso autoritario. Los hombres de azul se dirigen hacia estos nuevos visitantes. En un principio temo por ellos. Se van acercando a mí. Vienen a por mí. El miedo crece insoportablemente. Ahora veo algo mejor. Dos de ellos escriben algo y hablan con el tercero. El cuarto personaje se dirige hacia mí. Lo tengo delante. Se agacha. Extiende su mano. Su dedo. Me roza el cuello. Y fue en ese mismo instante, al roce de la yema de su dedo contra mi piel, cuando la comprensión de esta funesta y aparentemente sobrenatural realidad, se derramó sobre mí como un jarro de agua fría. Sentí una punzada en el pecho. Parecía dolor... pero evidentemente no me dolía. Por vez primera fui consciente de la palidez cadavérica de mis manos. De mi extrema rigidez que yo atribuía al cansancio o a la resaca. De la mancha carmesí que se extendía a lo largo y ancho de mi camisa blanca y que confluía en un punto central del pecho. Instintivamente quise llevar mi mano allí... pero no pude. Tampoco pude gritar. Ni siquiera articular palabra. Y entonces acabé por comprenderlo todo. Las luces azules y rojas que emanaban de las sirenas instaladas en los coches patrulla. El uniforme azul de los miembros del Cuerpo Nacional de Policía. La recogida de los vestigios, tendentes a esclarecer los hechos, que pudieran quedar a mi alrededor y el flash del irremediable reportaje fotográfico. Y por último los cuatro hombres que cerrarían la diligencia de levantamiento del cadáver: el juez, el secretario, el funcionario de auxilio... y el que, por último, se dirigió a mí... el médico forense. Y antes de que la noche eterna se derramara sobre mí con su implacable negrura fui consciente de la historia de aquella noche.

Salí del bar. Serían las dos de la madrugada. Me había despedido de mis amigos y me dirigía a casa. Ya cerca de mi portal advertí una sombra que se acercaba de frente por la misma acera. A la luz de las farolas lo distinguí. Era aquel pobre borracho que habíamos visto mis amigos y yo minutos antes en el bar. Cabello y barba pelirroja. Sucio y despeinado. Un viejo traje gris raído y pasado de moda. Efluvios de alcohol a metros de distancia. Aceleré el paso para llegar a mi portal pero él hizo lo mismo. Me asombré de su extraordinaria agilidad a pesar del estado en que se encontraba. Saqué las llaves de mi portal pero cuando las dirigí a la cerradura me di cuenta que lo tenía frente a frente. Nos miramos los dos. Hasta ahora sólo había sentido la molestia propia de quien se quiere quitar un borracho de encima pero, al mirarlo a los ojos, sentí miedo. Aquellos ojos amarillos, líquidos... aquella mueca de desdén y arrogancia no presagiaba nada bueno. En aquel momento fui consciente del peligro. Con gesto rápido me cogió el brazo, con la fuerza de una tenaza, al tiempo que se dirigía a mí.
-¿Tiene usted un cigarro amigo?...
Tanteé los bolsillos con la palma de la mano empapada en sudor, temblorosa.
-Lo siento caballero, no me queda nada... -dije tragando saliva e intentando aparentar seguridad. Él acentuó su mueca, como una hiena ante su presa.
-Pues si no tiene tabaco déme ahora mismo todo lo que lleve encima, deprisa.
En un segundo fui consciente de la situación. Su garra atenazó mi brazo con más fuerza. Pude haberle dado todo. Pero en aquel momento aposté por la resistencia. Quise zafarme. Un movimiento brusco, un empellón. Un breve forcejeo hasta que el brillo metálico de su mano libre se hundió definitivamente en mi pecho sin ninguna misericordia.


EL PÁJARO ESPINO.

miércoles, noviembre 23, 2005

 

ENCUENTROS DEL PÁJARO ESPINO Y EL DR ZOOM.

Mi entrañable amigo el Dr Zoom se va soltando. Desde luego la presencia tenaz del Pájaro Espino, siempre firme en sus convicciones y sin miedo al que dirán, es apoyo suficiente para intentar una nueva crítica cinematográfica. Le pese a quien le pese.

EL PÁJARO ESPINO.
TOTÓ CIERRA EL PARADISO.

Estoy triste. Bajo mi rostro metálico emanan líquidas lágrimas. Una vez más, Totó se ve obligado a cerrar el Cinema Paradiso.

No sé si lo están observando, pero poco a poco los cines tradicionales del centro de las ciudades están siendo cerrados. Sí, esos en los que muchos descubrimos nuestro amor por el séptimo arte, y pudimos disfrutar de joyas como “Sonrisas y lágrimas”, “E.T.”, “Superman” o “El padrino”. Esas carteleras van siendo sustituidas por letreros de “se traspasa” o “cerrado por reformas”.

No se preocupen, porque nos hipnotizan y consuelan con complejos de multi-archi-salas en las afueras de la ciudad, en los que además de ver la peli, podamos comer una hamburguesita, comprar chuches y jugar a los bolos, vamos, hacer un picnic urbano que es el mejor hobby contemporáneo. Algunos lo llaman cultura.

No lloren, estas salas están dotadas con sistema 2PR2 de visión y sonido megatímpano que merece la pena...., sí, sí.

La provincia de Jaén, venerable en muchos aspectos, me decepciona en este tema: hasta hace unos meses tenía 4 cines, dos de dos salas, otro con una, y un multicines de 7. Bien, pues el cine Avenida, situado cerca del centro, ha sido cerrado sin explicaciones, con lo que se ha quedado con un total de 10 salas para una población de 100.000 habitantes. Aún no se ha estrenado “Princesas” de Fernando León (hace dos meses estrenada en el resto), ni “La vida secreta...”, ni “Match Point” ( que son películas con bastante promoción). Eso sí, tenemos en varias salas “Virgen a los 40”, “Inmersión Letal”, “De boda en boda”, y cómo no, “Torrente III”, vamos, para volverse idiota.

Por lo menos, tenemos un pequeño consuelo, y es que una vez al menos se celebran los “Encuentros con directores”, en los que podemos disfrutar de cine español y de un coloquio con directores y actores. Esto pierde todo el sentido cuando los filmes sólo se pueden ver en una sesión. Si te viene mal la hora o no puedes llegar, te aguantas y espera en el DrugStore.

Señores de la Diputación, se me ha ocurrido una idea: ¿no creen que estos encuentros les dan promoción a las películas?, ¿han pensado que si dejan esa película una semanilla más, puede que la gente vaya a verla, y a cambio paguen por ello?

Total, una pena. Es como ver a Totó cerrar el Paradiso y construir en su lugar un “Todo a cien” de diseño vanguardista.

Me limpio las lágrimas, me voy al cine a ver “La vida secreta de las palabras”.
La semana que viene les cuento. Puede que aún esté llorando.
DR ZOOM.

jueves, noviembre 17, 2005

 

EL PÁJARO ESPINO LES PRESENTA AL ... DR ZOOM.

Hoy les tenía preparada una de cine... que el tema si se fijan tiene filón. Parece que hoy día es sinónimo de buena cinematografía el que una película goce de las siguientes características... (todas ellas cojuntamente): 1) Nacionalidad: Euroasiática. 2) Galardones: Mojón de oro en el festival de Madagascar. 3) Plantilla actoril: Que no los conozca ni su puta madre, que aquí el curriculum nos importa tres pimientos, para que luego no digan. 4) Marco incomparable del film: Mientras más raro mejor... ¿un puticlub en el Tibet? ¿las avenidas microscópicas de un montón de mierda de perro? ¿una plataforma petrolífera? (que nadie se de por aludido). 5) Argumento: El que vaya saliendo, eso es lo de menos (Si ven que no tienen imaginación para el diálogo, evítenlo a toda costa y aleguen que su película es intimista)... les aseguro, si no el Óscar (que es decadente y americano), por lo menos el respeto y aprobación de la crítica... la crítica que se lleva ahora vaya...

Pero bueno... hoy no es mi espacio... les dejo con alguien que (aunque parezca raro) sabe mucho más de cine que yo y goza de todos mis respetos, alguien que asiduamente colaborará con sus artículos en este espacio... señoras y señores... les presento al Dr Zoom!!!

EL PÁJARO ESPINO.
DESENFOCADO.

Como dice Robin Williams en la genial “Desmontando a Harry”, me siento desenfocado.
Es grave cuando mi nombre es Dr. Zoom. No hace falta más que echarle una ojeada a la sección de cartelera en cualquier periódico de Andalucía para ver la situación actual del panorama cinematográfico.

Mi queja no es relativa a la falta de cines en cada provincia, (excepto en las provincias de Jaén y Almería), ya que en la capital granadina hemos visto como ha aumentado el número de salas en varios años con los cines Kinépolis, Alhambra, y Andalucía 2000.

La pena es que este crecimiento de salas no ha sido proporcional a la diversidad de películas que se ofrece; me explico, en Granada, por ejemplo, contamos con 7 cines, que hacen un total de alrededor de 52 salas, pero sin embargo la oferta de largometrajes ( o, ¿por qué no, cortos?, es muy reducida.

Encontramos el ultimísimo estreno super americano al menos en 4 de los 7 cines, y no sólo eso, sino que en ocasiones se proyecta en varias salas, y además, la competencia entre, por ejemplo, cines Neptuno, Kinépolis y Alhambra es bestial, ya que proyectan algunas películas a la misma hora.

Mientras tanto, películas muy interesantes y más modestas en promoción y sin un elenco de estrellitas-modelos-con-formación-actoral-curso-CCC, ni siquiera tienen la oportunidad de ser vistas. Quizá piensen que soy un intelectual de los que sólo ven películas polacas de los años 30, pero no es así; yo disfruto mucho viendo Kill Bill o Stars Wars, pero también me emociono con Una historia verdadera o Bailar en la oscuridad, con algún corto o cine de reposición, que por cierto, creo que llenaría muchas salas, ¡y no me basta con el cine club universitario!

¡Por cierto!, ¿me puede alguien decir dónde se ha estrenado el documental de Scorsese sobre Bob Dylan?, porque creo que si lo hubieran proyectado, no hubieran quedado libres muchas butacas...

Puede que mi queja no vaya dirigida a quien se pretende; desconozco si a las distribuidoras, a las productoras o a los dueños de las salas (que no arriesgan en ofrecer cine no ya cine independiente, sino algo distinto a las comedias-románticas basura).

Y el motivo de mi ignorancia es que yo no entiendo de negocios, sino de mi amor al cine, que poco a poco se va agotando por las películas que no se estrenan.

Y el video club a veces no consuela mi carencia de afecto.
DR ZOOM.

sábado, noviembre 12, 2005

 

CUANDO TE FUISTE LLEGÓ EL INVIERNO.

Hace ya unos días que se nos fue. Se la llevó el cáncer, como en tantas otras ocasiones. Yo la conocía. No lo bastante para adjudicarme el mérito y la dicha de haber seguido de cerca su enfermedad (un par de visitas al hospital y algún encuentro que otro cuando estabas en Granada), pero si lo suficiente para ir conociendo, con todo detalle, los datos y circunstancias que la fueron rodeando. Ahora que ya no estás es cuando, en esta perra vida, los que nos quedamos, nos planteamos que deberíamos haber estado mucho más tiempo a tu lado del que realmente estuvimos.

Yo soy lego en materia médica. De todos modos hay palabras que todo el mundo tiene asumidas y que, a mi en particular, hacen que se me tiña de gris el ánimo. Durante años he aprendido a asociar contigo y la evolución de tu enfermedad palabras como cáncer, metástasis, quimioterapia… yo sabía o intuía sobre ellas lo que conoce la gente de a pie. Tú sí que conocías su total significado y alcance. La teoría y la práctica. Pero a pesar de ello, y esto me lo enseñaste antes de tu marcha, son palabras como alegría, fuerza, fe, esperanza y gracias las que has grabado a fuego en el corazón de personas que, como yo, no hemos estado contigo todo lo que ahora quisiéramos. Cómo he podido estar tan ciego mientras estuviste con nosotros… cómo he podido no estar tan cerca de ti… ahora ya no hay remedio… pero de todos modos te pido perdón por no haberte dedicado un poco más de mi tiempo.

Y después de abrir los ojos y ser consciente de que ya no estás… después de darme cuenta de la gran lección que ha sido tu vida… después de darme cuenta de lo mucho que me has enseñado y de que eres ejemplo de santidad… sólo me queda clamar y gritarte allá donde puedas oírme: ¿Cómo te pagaré todo el bien que me has hecho?...

Contigo he aprendido que una fe profunda en Dios va de la mano con la alegría, la esperanza y todas las demás virtudes cristianas, contigo he aprendido a abrazar la cruz como lo hizo Jesús de Nazaret, contigo he aprendido que cualquier malestar merece una sonrisa, contigo he aprendido que se puede cantar en medio de la enfermedad al Dios de la vida, al igual que nuestro hermano Francisco de Asís. Pero principalmente he aprendido que no todos los santos están en los altares y que tu ejemplo será lección de infinita enseñanza para todos los que han gozado del privilegio de estar contigo estos años.

Las temperaturas de este mes de Octubre han sido altas en nuestra ciudad. El verano no acababa de irse. Tu cruz volvió a reproducirse una vez más… ¿cuántas han sido vida mía?... de nuevo se acudió a la quimioterapia. Yo, ciego, pensé que, como tantas veces, saldrías adelante una vez más. Pero no fue así. Te marchaste. Y con tu ida bajaron las temperaturas. Cuando te fuiste llegó el invierno a Granada. Y ya todo el mundo lleva sus abrigos y bufandas. Y pasamos frío por las noches.

Pero será la eterna primavera de tu recuerdo, ejemplo y enseñanza la que nos acompañe de por vida. Que el Señor te bendiga y te guarde por siempre. Antes no tuve ojos para verlo, pero ahora soy consciente de lo que significas. A ti gracias. Eternamente. Gracias.

EL PÁJARO ESPINO.

martes, noviembre 08, 2005

 

SONETOS DEL PÁJARO ESPINO I (A Federico García Lorca)

Campanas que tributan a la muerte
las lágrimas del alma del gitano,
veréis luchar a hermano contra hermano,
tierra del bandolero, tierra inerte.

las botas que se acercan a prenderte,
el llanto de la tecla de un piano,
la angustia de un crepúsculo temprano
sin rumbo, sin color, sin luz ni suerte.

Granada grita agónica en su lecho,
el pobre va llorando junto al rico,
la sombra de Caín ruge al acecho,

la España de Witiza, de Alarico,
la sombra de unas balas en tu pecho,
la tierra que te abraza… Federico.

EL PÁJARO ESPINO.

domingo, noviembre 06, 2005

 

DESDE LA TORRE DE LA VELA

Se me atragantó una pata de calamar a la altura, más o menos, de la mitad del esófago cuando, en medio de la comida, y visualizando el telediario de Telecinco (para que luego digan que uno no es abierto), el señor Rubalcaba hizo un comentario morrocotudo en relación a la próxima manifestación del día 12 en contra de la ley de enseñanza y cuya convocatoria aprueba y alienta la Iglesia Católica.

Y ya no sólo critica las opiniones contrarias el colega (que es legítimo), sino que critica que se le critique (a él o a su partido). Toma castaña. El tenor literal (salva rerum substantia) decía algo así: -Si yo fuera sacerdote no utilizaría un púlpito para convocar a la participación en la manifestación contra la ley de enseñanza. Y digo yo… ¿desde dónde va a proclamar legítimamente la Iglesia sus opiniones?... ¿desde la Torre de la Vela?... o a modo de los antiguos serenos a voz en grito y con candil en la mano… ¿acaso alguien le reprocha a él las lindezas que su escaño le permite vomitar por la boca?...

En lo público, el político habla desde la potestad que le confiere el escaño, el catedrático desde su cátedra, el profesor en su clase y frente a su alumnado… (no les cansaré con más ejemplos)… ¿y los curas?... pues con la misma legitimidad que los demás, pueden y deben hacer presente las opiniones y la doctrina de la Iglesia Católica desde el púlpito (entre otros sitios). Y luego el pueblo decidirá si está de acuerdo o no. Como en todos los demás foros de la vida pública.

A mi no me molesta que Alfredito esté en contra de la postura de la Iglesia. Lo que me fríe los sesos es que se la quiera amordazar. Que se apuñale traperamente su libertad de expresión. Que se cuestione su legitimidad para convocar y pronunciarse públicamente y como le venga en gana en los foros que le corresponden.

Aunque seguramente lo que más le habrá molestado al señor Rubalcaba es que la Iglesia, como digo, hable y convoque en público. Quizá a este señor y a su partido le vaya más el rollito de las reuniones ocultas y las convocatorias a manifestaciones mediante el envío de mensajes por teléfono móvil.

Les prometo que la próxima no será de política.

EL PÁJARO ESPINO.

sábado, noviembre 05, 2005

 

QUE CADA SANTO AGUANTE SU VELA.

En boca del filósofo griego Heráclito vio por primera vez la luz una de las frases más notables de la historia del pensamiento: “Lo que es, es, y lo que no es, no es.” Nada más oírla se te ponen los pelos como escarpias. Y en relación a ella, mire usted, me campanea en la mente una prosaica cuestión relativa al más que enterrado tema (aunque a veces la falta de nivel en la oratoria y el debate de nuestros políticos haga que sea desenterrado de madrugada a fuerza de pico de rencor y pala de ignorancia) de las derechas y las izquierdas.

Lo que me cuestiono es, dicho así a bote pronto, la ilegítima apropiación histórica por parte de la izquierda (lo digo a modo general, no se me retuerzan en los sillones) del valor o la idea de tolerancia. ¿Qué por qué digo esto?, pues no por una razón de debate constitucional o autonómico ni relativo al sí o no al desarrollo de competencias locales o a cualquier punto lejano de la filosofía política. No señor. Lo digo, mire usted otra vez, porque (de nuevo a modo general, no se exasperen) cualquier persona de izquierdas puede hoy día decir que lo es a voz en grito sin que (independientemente de la tendencia o las simpatías del personal) nadie se le tire al cuello y sin embargo los que no gozamos del privilegio de compartir esa tendencia sufrimos la incívica injusticia de cargar con todo el fardo peyorativo que ha sufrido la palabra “derecha” a lo largo de la historia. No se qué querrá decir para mis queridos simpatizantes de la izquierda la idea de “pluralismo político” que vive aletargada como valor superior de nuestro ordenamiento jurídico en el primer artículo de nuestra Constitución.

Decir en los foros públicos que se es de izquierdas es aceptable se comparta o no. Decir que se es de derechas, independientemente de los simpatizantes que haya, suena mal. No es respetable. ¿Es usted de izquierdas?... vale, lo compartiré o no. ¿Es usted de derechas?... ¡fascista!... y eso es lo que hay señores. Y no estoy hablando sobre una discusión o punto de vista en torno a temas de actualidad, sino de la mera elección de un rumbo político, sin más pronunciamiento. Un falso disfraz de tolerancia tejido por la izquierda que no acepta como posición legítima la discrepante… pero eso sí, con mucho talante.

Y digo yo… si Stalin y Polpot (entre otros primores genocidas) nacieron y ejercieron su política en el seno de la izquierda… si Hitler era Nacional Socialista… si la izquierda quemó en mi pueblo bibliotecas de incunables (lo aprendería de los nacis imagino), tallas con siglos de historia y cura incluido que ardió colgado de un árbol… (delito quemar al cura y delito quemar el árbol)… ¿por qué tengo que decir yo y todos los que piensen como yo que soy de derechas con la cabeza baja?... Que la derecha fusilaba, vale, pero la izquierda antes de hacerlo te arrancaba las uñas.

Y atentos al último primor protagonizado por la “siniestra” y que supone una soberana patada a los honorables cojones de la Historia… llamar a los asesinos de E.T.A fascistas… por alusión a la derecha… ¿captan la metáfora?... pues no hijo no, que son de izquierdas.

Quizá la derecha no ha hecho únicamente maravillas a lo largo de la historia (yo sé que no)… pero no nos carguen los muertos de otros con la finalidad de querer avergonzar al prójimo cuando elige como propia una opción contraria. Que cada santo aguante su vela. Ya lo dijo Heráclito… lo que es, es… y lo que no es, mire usted, no es.

EL PÁJARO ESPINO.

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